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miércoles, 11 de diciembre de 2019

La Cueva del Puerto



Es tan desconocida como monumental: la Cueva del Puerto, en Calasparra.






Descubierta en 1967 por un pastor. Le llamaba la atención que siempre que pasaba por la ladera de ese monte, escuchara hablar a la montaña desde las entrañas de la tierra. Oía lo que podía ser el rumor de unas voces ó el sonido del viento. Finalmente, descubrió que era el ruido del viento que, con vapor, se escapaban por un orificio de la montaña que hacía de chimenea. Dio aviso a las autoridades locales quienes organizaron una exploración profesional con varios miembros de la Organización Juvenil Española (OJE) de Cieza que eran expertos en espeleología. La sorpresa fue mayúscula. Observaron galerías con admirables espeolotemas: estalactitas, estalagmitas,... Así nos lo explicó Lola, de Qalat Aventura, que es la empresa que enseña la cueva, con el entusiasmo y el orgullo de la persona que ama y disfruta con lo que hace, en este caso mostrar la formación y los secretos que puede contar de esta cueva.









Lola nos recibió en el Centro de recibimiento que se encuentra a los pies de la cueva. Una instalación moderna donde hay una sala con presentación de la cueva, bar, aseos y tienda con productos de esta tierra y relacionados con la cueva.

La Cueva del Puerto está en la ladera del monte de Chatres, que forma parte de la sierra del Puerto-Cabeza del Asno, en el noroeste de la Región de Murcia, en el municipio de Calasparra.

Las galerías de la cueva tienen unos 4.386 metros con un desnivel de 114 metros de profundidad. Lo que podemos ver los turistas son unos 700 metros con un desnivel de 50 metros de profundidad, con algunos tramos de poca altura en la que hay que agacharse, a veces con obstáculos en la galería por donde pasamos, con pasarelas sobre simas y con desniveles. Con una iluminación parcial que le da un toque de misterio a la visita. Cada recoveco es una sorpresa, cada quiebro una exclamación de júbilo ante lo que hay ante nuestros ojos.



La cueva es un espectáculo de la naturaleza. Además de las estalactitas, estalagmitas mencionadas, observamos columnas, tubiformes, excéntricas, medusas, órganos, cortina, garbanzos, junto con un laberinto de galerías y cavidades, además de las aberturas de simas de gran profundidad.

La temperatura de la cueva no es uniforme, cada zona tiene la suya, y va desde 0,8º C a 18º C. La parte de la visita turística tiene una buena temperatura, no hace frío, y con las subidas y bajadas por las galerías, y la temperatura de los visitantes, se crea un ambiente poco húmedo.

Hay varias maneras de visitar esta cueva. La visita guiada para el público en general, visita privada y guiada para un grupo determinado (es nuestra opción), una visita diurna para colegios, otra nocturna para niños acompañados de sus padres y una para grupos de espeleología que visitan una cota inferior a la ruta más turística para la que van preparados para hacerlo con casco, linterna, mono y tirolina, aportado todo por la empresa que hacen de guía en la cueva.

Nosotros visitamos la cueva de una de las mejores maneras de hacerlo: con un grupo de amigos con quien compartir esta experiencia, con quien descubrir esta cueva que la mayoría de nosotros desconocíamos su existencia.













Actualmente se entra por la parte más viva de la cueva, desde su base, que es la más húmeda, y se sale por donde se entraba al principio de las visitas públicas (1994), en la cumbre vista desde abajo, que es la parte de la cueva más seca y por donde más cerca se está de la entrada descubierta por el pastor.

Al salir de la cueva allí arriba, son impresionantes las vistas del valle y del circo de montañas de alrededor. Casi a vista de pájaro.


Para más información de esta cueva, visita su web 


Las fotos del interior de la cueva son cortesía de la empresa que la gestiona porque está prohibido hacer fotos.

viernes, 19 de enero de 2018

la cueva de las Calaveras en Benidoleig






Buscando agua para el riesgo de sus campos sedientos, la encontraron. Y mucho más que eso. No podían imaginar lo que había bajo sus pies.

Por un pequeño orificio en la montaña se accedía a las entrañas de la montaña. Un sendero interior junto a un pequeño riachuelo mantuvo la ilusión de esos agricultores de encontrar un manantial que diera vida a sus campos de cultivo.










El geólogo valenciano Cavanilles (autor de “Observaciones sobre la Historia natural, Geografía, Agricultura, Población, y Frutos del Reino de Valencia”) quiso conocer por sí mismo en 1795 lo que ya había oído hablar sobre esta cueva, que llamaban de las Calaveras porque una expedición por aldeanos del lugar en 1768 había encontrado 12 carabelas, supuestamente porque la crecida de las aguas en su interior los atrapó sin posibilidades de escapatoria: esta cueva tiene un largo pasadizo que termina en un pequeño orificio por donde se accede a un lago de agua.





Durante la expedición de 1795 a esta cueva para conocer su extensión, decidieron averiguar si se trababa de agua acumulada por un manantial y tuvieron la paciencia de hacer ese orificio más grande y vaciar el lago. Descubrieron que era agua acumulada de lluvia. No fue el descubrimiento que creyeron encontrar pero era agua que bien podía aliviar su sed y la de sus campos como así hicieron, aún se usa para el riesgo de bancales y arboledas de los alrededores.









Pero hay más. Encontraron restos prehistóricos y fósiles de la flora y la fauna de hace miles de años descubriendo que esta cueva fue usada para refugio de pobladores desde el Paleolítico.

Como cueva caliza que es también hay estalactitas (desde el techo) y estalagmitas (desde el suelo), destacando la que llaman “la campana”. Aunque son menos de las que a mí me hubiera gustado ver. Con las rocas formando imágenes, gracias a la erosión y al agua, que sólo la imaginación de cada uno coincide en lo que han visto otros antes ó afirma lo que a él le parece.












Es una visita interesante. Siempre lo es entrar en un entorno que tiene miles de años y que lo hicieron su hogar nuestros antepasados más remotos.

La cueva la recorre un camino vestido con vigas de madera de ida y de vuelta. El lago y las galerías inundadas de agua no son visitables, salvo con un permiso especial con indumentaria y medios adecuados. Hoy se entra por una gran apertura (no por el pequeño agujero por donde se descubrió). Un gran espacio nos recibe con suelo pavimentado que fue polvorín durante la Guerra Civil española y después lugar de baile para los vecinos de la zona, hasta que la curiosidad y el turismo le hicieron cambiar su uso.



Está en Benidoleig, en la comarca de la Marina Alta de la provincia de Alicante. 


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