un día de noviembre en Polop

Polop bien vale una visita. Al oeste de Benidorm y al sur de Guadalest, Polop es una población con personalidad propia. Por la torre de su iglesia, señoreada por las casas que la rodean y la envuelven hacia el cielo. Por su monte Calvario, espacio del antiguo castillo y campo santo donde estuvo el cementerio. Por sus callejuelas y sus arcos que le dan un carácter medieval. Por los 221 caños de agua cristalina que susurran al tiempo mientras el agua corre. Por ser refugio de escritores y pintores. Por estar en lienzos de Emilio Varela. Por recorrer hojas impresas en libros de Gabriel Miró. Por el paraje natural donde se encuentra. Por ser cruce de caminos montaña arriba, camino abajo en dirección al mar.

En esta mañana dominical de principios de noviembre. El hombre del tiempo pronosticó ayer una entrada generalizada de frío en toda España y ha acertado. Y ya era hora de mudar la ropa de armario que estamos en otoño. Aunque no tan deprisa, diría aquel, que el frío quizá no haya venido para quedarse. Esta es tierra de temperaturas primaverales salvo contados días de invierno. Pero hoy hemos desempolvado rebecas y jerseys que estaban esperando su oportunidad para ver la luz natural del día.

Caminando por estas calles de Polop, comentamos que bien merece un plato de cuchara para comer. Entramos en un bar, el plato del día es olleta de blat (trigo). Muy apropiado para esta fría mañana. Exquisita. La tertulia nos hace olvidar que anochece más temprano desde el cambio de hora de hace una semana. Con los primeros farolillos encendidos, retornamos a casa.

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