navegando por el Sena a su paso por París

Navegar por un río también tiene su encanto, más si es un río caudaloso como este, cargado de tanta historia. El Sena, a su paso por París.

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En una de sus islas, la Íle de la Cité, nació París. Y de esta, del Sena y de París hay multitud de historias y leyendas relacionadas con este río que baña sus riberas. Como aquella historia de los vikingos que quisieron invadir esta ciudad en el 885. Pero se encontraron esta isla muy fortificada de altas murallas y fuertemente armada. Sus habitantes resistieron una embestida tras otra de estos bárbaros del norte sin conseguir que se doblegaran a su terror. El Señor de París, el Conde Eudes, creyó necesario solicitar ayuda al Emperador carolingio Carlos III, llamado el gordo, y por serlo le venía la fama de sus artes negociadoras entre mesa y mantel. No tuvo prisa en acudir a su socorro. Ya cerca de París, montó su campamento y consiguió sentar a su mesa al vikingo Sigfrido, lo colmó de tesoros, lo entretuvo y logró convencerle que sacaría más provecho de su victoria en otras tierras de Francia en vez de en París. A este Carlos III su falta de acción contra el enemigo vikingo le costó el reino. En su lugar subió al trono el Conde de Eudes, de la familia de Los Capetos, origen de la dinastía de los Reyes de Francia.

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Navegando por el Sena se ven algunos de los monumentos parisinos más emblemáticos. En la orilla izquierda vemos la Torre Eiffel, que bien pudo ser española, catalana en realidad, si el Ayuntamiento de Barcelona no hubiera rechazado el proyecto por caro para inaugurarlo durante la Exposición Universal de Barcelona de 1888. Pero Eiffel no se rindió con este fracaso y volvió a intentar su construcción en otra Exposición Universal, la de París del año siguiente de 1889 y lo consiguió. Y gracias a este empeño la Torre Eiffiel se levanta en el Campo de Marte a orillas del Sena. Notre Dame  , catedral de bella fábrica y estilo gótico, construida en la citada Íle de la Cité dedicada a María, madre de Jesucristo. El museo de Orsay, la Biblioteca Nacional de Francia, el Hotel de los inválidos, la Asamblea Nacional Francesa, entre otros, visten esta orilla.

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En la orilla derecha nos encontramos con el Louvre , uno de los mayores y más visitados museos de arte del mundo. De Palacio Real pasó a museo después de la Revolución Francesa con las colecciones artísticas de la Corona, después completado con otras colecciones. Desde el arte antiguo hasta los impresionistas, kilómetros de cultura al alcance de todos. También en esta orilla están el Ayuntamiento, el Jardín de las Tullerías, la plaza de la Concordia, entre otros.

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Desde el bateaux-mouches , barco panorámico que recorre el Sena. Lo hacemos entre bocado y bocado durante el almuerzo. Grandes cristaleras nos permiten ver abordo tanta historia y tanto arte, tantas fachadas testigo de la historia de Francia, la menuda y la anónima, también la Real y la revolucionaria, la cotidiana y la política. Desde cubierta estamos tan cerca de los arcos de los Puentes y Pasarelas parisinos que casi podemos tocarlos con los dedos de una mano. Estos puentes que definen a las ciudades con río y contribuyen a darle una personalidad propia, como estos de París: el Puente Nuevo, en realidad el más antiguo de París; el Puente de Alejandro III, situado ante la explanada de los Inválidos y el Grand y el Petit Palacio; el Puente de las Artes que une el Instituto de Francia con el Louvre, ...

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En fin, el Sena bien vale una paseo en barco tan cerca de las historias y leyendas de esta ciudad en comunión con este río.

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