un Domingo de Ramos diferente: travesía en el Arion

 

A primera hora de la mañana el “burrito”, como popularmente se llama a la imagen de Jesús subido a un burro que le llevará a su entrada triunfal por las calles de Jerusalén y hoy por muchas calles de pueblos y ciudades de España y del mundo, se encuentra preparado para la procesión del medio día. Cientos de palmeras, de ramas de olivo, en manos de personas de toda condición, le jalearán, le rezarán, le cantarán.

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Pero esta mañana he cambiado mi indumentaria dominical habitual en esta fecha y me he vestido con otra más sencilla para navegar en el Arión. Porque no es sólo surcar los mares, son muchas otras cosas. Es el recuerdo permanente de mi infancia en un barco con este mismo nombre. Son los recuerdos familiares relacionados con el mar, el puerto y la bahía de Alicante. Es el compañerismo con nuevos amigos. Son las enseñanzas, sin querer, de personas como Rafael que llevan muchas años de experiencia marinera cargada en su memoria y que nos cuenta como si fueran de ayer. Es esa sensación de libertad, de placer, de sosiego, cuando el velero navega de través. Es la emoción cuando el barco se escora empujado por el viento.

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De pie, en la cubierta del Arion, antes de partir, ha sido la Pasión según San Mateo de Bach la que ha ocupado nuestra conversación, comentando antes una interpretación reciente en un auditorio de la ciudad. Por muchas veces que la haya escuchado, siempre en estas fechas (como lo hacía mi padre, como lo hace Rafael), no me canso de volverlo a hacer. La música es dramática y expresiva, aunque son los coros y la narración las que tienen mucha fuerza, con tanta brillantez que no te dejan indiferente.  Emocionado, siempre me dejo arrastrar por esta manifestación musical y vocal, por esos caminos que guarda la mente para momentos como este. En la intimidad de mi asiento, atento, disfrutando de esta partitura y agradeciendo que mis mayores me enseñaran desde niño a respetar esta música, a emocionarme con sus acordes.

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Salimos del puerto. Por nuestra popa, la inconfundible silueta del Victoria intentando darnos caza. Buscamos el viento con todas las velas desplegadas. Y la espera no se ha hecho esperar. Un viento del sureste que ha llegado a alcanzar cerca de los 20 nudos de viento aparente. Es tan placentero este navegar que no nos hemos aproado para almorzar. Porque los almuerzos en el Arion son cosa importante. Hoy ha sido Mateo quien ha traído un pisto de receta murciana, cuna esta de su mujer y de él. Y con el pisto unos huevos fritos de calidad cero, la mejor, pan de Muchamiel y rioja Marqués de Cáceres. El velero escorado por babor, mar a dentro, superados los cabos del faro de Santa Pola y de la Huerta. Sin más sonido que nuestras palabras, el mar y el viento.

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Y estas palabras han traído anécdotas familiares que nos ha contado Paco y hemos ampliado los demás, pero también experiencias marineras de otros marinos de ayer y de hoy. Nelson, Collingwood, Blas de Lezo, Gravina, Churruca, Cisneros, … De barcos como el Santísima Trinidad, el navío de guerra más grande y de más potencia de fuego del s. XVIII. Y de las narraciones de sus hazañas en autores como Patrick O´Brian ó Pérez Reverte. Manuel ha comentado que la narración de la experiencia de Reverte en el Golfo de León contada en su último libro “Los barcos se pierden en tierra” (que he leído y te recomiendo amig@ lector) le recordó la suya en el Arión, una de las travesías más inquietantes de las que el recuerda con olas de siete metros y un viento impresionante que jugaba con el barco. Como nos ha dicho Evaristo, del barco no sabe si sabemos mucho, pero de cultura general …

Viramos. Ponemos rumbo al puerto de Alicante. Lo bueno se acaba. Aunque aún tenemos tiempo de disfrutar de este navegar, empujados por un viento que se ha ido apagando mientras nos acercábamos a la bocana del puerto.

Comentarios

Carmen ha dicho que…
No me sorprende que hayas comentado la emoción que te produjo la interpretación de la Pasión según San Mateo que pudimos disfrutar la pasada semana en el Auditorio de Alicante, yo tuve la suerte de estar allí. Es cierto, que hay música, como ésta, que nos elevan por encima de todo lo material y al mismo tiempo nos encogen el alma, como si la exprimieran hasta que consigue que fluyan las emociones más hermosas del ser humano. Y te aseguro, que la oigas tantas veces como la oigas, el efecto es el mismo, pues no se trata de un tema de moda, sino de música que va más allá del ritmo y llega hasta el espíritu. No sé a ti pero a mi se me quedó corta...¡y mira lo que dura!
Por cierto, tomo nota del libro que recomiendas, pues aún siendo lectora de Pérez Reverte no lo conocía. Gracias por la sugerencia.

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