La provincia de Alicante es
mucho más que sol y playa. Su interior esconde auténticas joyas llenas de
historia, naturaleza, gastronomía y tradiciones. Aquí te proponemos una
escapada al mes, recorriendo 12 localidades del interior alicantino que te
sorprenderán.
Venga, empiezo por la
primera. Y de aquí en adelante todas las demás. Una por mes. Son un ejemplo, y
una selección porque hay muchos más, pero esta vez elijo estas. Vamos.
Enero. - Beniardá: Tradición y Embalse
En el corazón del Valle de
Guadalest, Beniardá es un pequeño pueblo, pero con mucho encanto. Con un lavadero en las afueras junto a una fuente vieja (“vella” en valenciano). Hay otro lavadero, privado, cerca del arco por donde se pasa para bajar al embalse. Todas son calles estrechas y empinadas que rodean el templo cristiano. El año
pasado se construyó una pasarela que flota en el aire sujetado en su parte trasera
por la tierra del barranco con vistas al embalse, el pueblo de Guadalest y la Serrella. Enero
es ideal para caminar por los caminos que hay junto a ese lago artificial sin
los calores del verano. Lugar ideal para disfrutar de su tranquilidad y la cocina de montaña.
Febrero. – Senija y sus
murales
En el Vall de Pop y muy cerca
de Benissa, Senija es un encantador pueblo del interior alicantino rodeado de
bancales de viña, olivo y almendro. Conserva el ambiente tranquilo de los
pueblos pequeños y cuenta con elementos patrimoniales como la Iglesia de Santa
Catalina Mártir y antiguas casas señoriales. En primavera, su entorno se llena
de color con el florecer de los almendros. A su vez, disfrutará de los murales,
cuál más original, que visten algunas de las fachadas de las casas de este
pueblo, gracias al proyecto Museu
Obert de Senija" (MOS)
Es ideal para una escapada
tranquila con sabor local y, además, se encuentra muy cerca de rutas de
senderismo que permiten descubrir paisajes poco transitados del interior de la
Marina Alta.
Marzo. - Planes
Conocido por los cerezos en
flor de su entorno, marzo es el mes ideal para visitar este pequeño municipio del Comtat,
salvo que la floración se atrase a abril que a veces pasa. Es una población que
merece la pena caminarla. A los pies de su castillo, sus calles estrechas
recuerdan su perfil medieval. A las afueras, no se pierda su lavadero donde
antaño las mujeres lavaban la ropa y desahogaban verbalmente sus penurias. Sus rutas de senderismo y vistas son espectaculares.
Abril. – Onil
Con la primavera empezando, Onil
ofrece paisajes verdes, su pozo de nieve restaurado y una excelente gastronomía
local. Preside la población el palacio fortaleza Marqués de Dos Aguas, actual
sede del Ayuntamiento de la localidad. Es una población de tradiciones. No se
pierda el Museo de Muñecas, le recodará su infancia sea chico o chica, además
de su colección de los play móvil. Conserva un refugio antiaéreo de la guerra
civil española. Además, es cuna del escultor Eusebio Sempere y del periodista
Rafael Quilis.
Mayo – Tibi
Situado entre montañas y
famoso por tener el embalse más antiguo de Europa, mandado construir por el Rey
Felipe II. Sigue en funcionamiento. Desde su plaza del Cabissol se ven las
ruinas de su castillo del siglo X. Aunque hoy no lo parezca tuvo mucha
importancia durante la Reconquista. A esta población la llaman la Puerta Natural
del Maigmó al tener tan cerca esta montaña y acceder por rutas de senderismo a
su cima. Sus senderos y su tranquilidad lo convierten en el lugar perfecto para
caminar por la naturaleza antes del calor veraniego.
Junio – Agres
A las puertas del verano,
Agres, en la Serra de Mariola, ofrece rutas frescas y un importante patrimonio
religioso. Su Santuario de la Virgen es muy visitado, con una historia curiosa
de su origen que deberá descubrir allí. Muy cerca hay uno de los mejores pozos
de nieve de la provincia, la Cova Arqueada, actualmente propiedad de la
Diputación de Alicante para preservar su mantenimiento y evitar que se hunda
por el paso del tiempo, como ha ocurrido con muchos otros. De calles empinadas, le recomiendo no marcharse sin probar el arroz al horno que allí hacen en alguno de sus restaurantes.
Julio. - Penáguila
Pequeño, pero con mucho
encanto. Destaca su urbanismo medieval y su jardín histórico con una alberca rodeada de vegetación, un gran laberinto que le invito a encontrar la
salida y una sala dedicada con exclusividad a la plantación de hortensias. Es
un buen mes para pasear y disfrutar de su sosiego, aunque organice la visita,
no siempre hay algún funcionario del ayuntamiento de la población que le abra
la puerta de acceso. Desde hace unos años es población de destino en diciembre
para ver la alineación solar por el arco de Santa Lucía del 13 al 29 de
diciembre sobre las 15:50h, merece la pena, eso si vaya con tiempo para poder
aparcar su vehículo, va mucha gente.
Agosto – Banyeres de
Mariola
En pleno verano, este pueblo
de altura garantiza temperaturas más suaves. Su entorno natural, fuentes,
molinos y el río Vinalopó son ideales para pasear y refrescarse. No se olvide
de visitar su castillo edificado en el Tossal del Águila, desde donde domina a
esta población y el horizonte, en el vértice de tres provincias: Albacete,
Murcia y Alicante, protagonista de este pueblo a lo largo de los siglos. Es
singular también la restauración de las campanas del campanario de su iglesia que
fueron derribadas en la guerra civil española por el bando republicano. Se lo
cuento con más detalle en este enlace
Septiembre – Tollos
Uno de los pueblos más
pequeños de la provincia, perfecto para desconectar en verano. Y por serlo está
incluido en la Ruta 99. En ella se añaden aquellos pueblos de menos de 100
habitantes censados. En realidad, en invierno son muchos menos, y algunos más
de esa cifra en verano. Al visitarlo pida en el restaurante el pasaporte para
que se lo sellen que corrobora que ha pasado por allí. Forma parte de un
colectivo de pueblos con esa misma condición de las provincias de Alicante,
Valencia y Castellón. Hay una web de la Generalitat Valenciana donde los recoge
todos. Tollos tiene un clima fresco por la altitud, rutas por la Sierra de Alfaro y
una paz difícil de encontrar.
Octubre – Castell de
Castells
Conocido por sus pinturas
rupestres y su entorno salvaje. Es un destino de senderismo y cultura, ideal
cuando no hay calor. La ruta al Pla de Petracos es una joya natural y
arqueológica. El acceso está señalizado, con barandillas en algunos
tramos. Es emocionante encontrar en las pinturas rupestres los pequeños animales que
están allí reproducidos. Y después de esta excursión, visite su pueblo, vaya al bar
junto a la iglesia y viva un ambiente pueblerino con todo su sabor.
Noviembre – Lorcha
Situado en el extremo norte
de la provincia, junto al río Serpis, Lorcha (también conocido como L’Orxa) es
un pequeño pueblo con un entorno natural espectacular. Su origen morisco se
respira en sus calles. Visitarlo en este mes de noviembre es ideal si te gustan
los colores de otoño representados sobre todo en la arboleda de su área recreativa
a la entrada del pueblo. Destaca la Vía Verde del Serpis, una antigua ruta
ferroviaria que hoy es un sendero ideal para senderismo o ciclismo, recorriendo
paisajes de montaña y túneles. También es punto de partida para excursiones por
la Sierra de la Safor y la zona del Azud del Serpis. Tiene un castillo casi en
ruinas que pudo ser templario. Lorcha es perfecto para quienes buscan
naturaleza, silencio y autenticidad rural.
Diciembre. - Biar
Encantador y frío, Biar es
perfecto para una escapada invernal. Su castillo domina el valle, sus calles
invitan a perderse pasando por sus arcos que fueron antaño las antiguas puertas de las
murallas que había en la población. Su museo etnográfico es de visita obligada.
Y no se olvide de su iglesia y los relieves de sus fachadas, cuentan muchas
cosas. Su interior guarda más de una sorpresa. Aquí lo dejo para que vaya usted
a descubrirlas.
Conclusión
El interior de Alicante es un
tesoro por descubrir. Este nuevo año le animamos a hacer una escapada al mes
para disfrutar de paisajes únicos, historia, naturaleza y tradiciones. ¿Te
apuntas al reto?
Enlaces de interés de
artículos relacionados escritos en este mismo blog:
El mirador-pasarela de Beniardá
Senija, un pequeño tesoro artístico en el corazón del Vall del Pop



