domingo, 26 de octubre de 2014

Basílica de San Nazario, en Carcassonne (Francia)

Carcassone llama la atención desde lejos. Su ciudad vieja, amurrallada, te transporta a otra época en la Edad Media. En su interior hay muchas sorpresas, recodos y rincones entre sus piedras centenarias. Una de ellas es la Basílica de San Nazario que bien vale una visita por sí sola.

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En otra ocasión contaremos sobre la ciudad de Carcassone en estas líneas pero hoy la protagonista de  nuestro relato es la Basílica mencionada.

Por fuera no enseña las maravillas que guarda dentro. Con dos estilos arquitectónicos, el románico y el gótico, las sombras y la luz, el conjunto es de gran belleza.

La iglesia primitiva que aquí había fue reemplazado en el s. XII por la románica. Fue un 11 de junio de 1096 cuando el Papa Urbano II llega a Carcassonne de regreso de predicar la Cruzada en Clermont en Auvergne. Estuve cinco días, entre los que aprovechó uno para bendecir los materiales para construir la nueva iglesia románica. Esta iglesia tenía que estar compuesta por una nave con dos laterales, un ábside con tres capillas y un crucero. La nave románica tiene una disposición muy común en la iglesia del Bajo Languedoc con una bóveda central con arcos dobles, una bóveda que cubre los dos laterales más estrechos, con pilares redondos ó cuadrados. Los cuadrados son flanqueados en cada una de sus caras por columnas cilíndricas que terminan en capitales de diversas formas. Los pilares redondos se alzan hasta donde parten los arcos que separan la nave central de las laterales, a diferencia de los cuadrados que suben hasta la cornisa de la bóveda.

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Actualmente de la iglesia románica sólo queda la nave central. Desde que el Norte venció al Midi, desde que el rey de Francia también lo es de Carcassone, el edificio se transforma a como lo conocemos hoy. En 1269 el rey de Francia concedió al Obispo de Carcassonne la reparación y ampliación del presbiterio, reemplazando la iglesia románica por otra gótica más grande y más bella. Tuvieron que unir dos estilos y dos conceptos y pasar de una nave pequeña de una iglesia románica a un coro gótico adecuado a una iglesia más grande.

El resultado es una obra magistral, fruto de una armonía de contrastes, una bella y rica obra arquitectónica.   

Mención especial tienen los rosetones y las vidrieras, vistiendo grandes ventanales de la parte gótica, dan vida y color al interior de la iglesia. El rosetón Norte es de finales del s. XIII, el sur del s. XIV. Sus colores y su inscripción en la piedra contribuyen a hacer de ellos una verdadera catequesis. El rosetón del Norte, que recibe el sol naciente, es una sinfonía de violetas, color sensible a la luz del alba. Con la estructura de la piedra el rosetón simboliza la rueda que gira, es la rueda de los tiempos. El rosetón del Sur es la parte del sol poniente, con un conjunto de colores propios del ocaso. Con la estructura de la piedra la rueda, en este rosetón, parece no rodar: es el tiempo de la eternidad donde la luz no tiene fin.

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Algunas de las vidrieras narran historias de la religión católica: la madre de S. Celso presenta a su hijo a San Nazario; la vida de San Pedro y S. Pablo; la vida de Jesús; la presentación de la Virgen María en el Templo. Natividad de la Virgen; escenas de la vida de S. Nazario y de S. Celso; un árbol de la vida que narra la religión cristiana.

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Esta Basílica bien merece una sola visita si no fuese porque está dentro del recinto amurallado de la ciudad vieja de Carcassonne pero hoy solo nos ocupamos de ella porque de esta ciudad narraremos en otra ocasión.

 

Las fotos de este artículo son del autor de este blog

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